Resurrección

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Después del discurso del sustituto del fiscal, del banco de los abogados se levantó un hombre de mediana edad, vestido de frac y con una amplia pechera blanca semirredonda y almidonada, y pronunció con destreza el discurso en defensa de Kartinkin y Bochkova. Simón y Efimia le habían contratado por trescientos rublos. Justificaba plenamente su inocencia y echaba toda la culpa sobre Máslova.

Refutaba la declaración de Máslova acerca de que estuvieran presentes Bochkova y Kartinkin cuando cogió el dinero, insistiendo en que la declaración no tenía valor porque se trataba de una persona convicta de envenenamiento. El dinero, los dos mil quinientos rublos —dijo el abogado— podían haber sido ganados por los dos criados trabajadores, que recibían a veces al día de tres a cinco rublos de los huéspedes. El dinero del comerciante había sido, pues, robado por Máslova y entregado a alguien o incluso perdido, ya que se encontraba en estado de embriaguez. Ella sola era quien había envenenado a la víctima.

Como consecuencia de todo ello, pedía a los jurados que reconociesen inocentes a Kartinkin y Bochkova en el robo del dinero; si los reconocían culpables en el robo, entonces sin participación en el envenenamiento y sin premeditación.


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