Resurrección
Resurrección Al final, el abogado, para contrariar al sustituto del fiscal, dijo que la brillante disertación de sus consideraciones sobre la herencia era improcedente en este caso, ya que Bochkova era hija de padres desconocidos.
El sustituto del fiscal, con enfado, como enseñando los dientes, apuntó algo en un papel, y con despectiva extrañeza se encogió de hombros.
A continuación se levantó el defensor de Máslova y, tímidamente, trabándosele la lengua, pronunció el discurso de defensa. Sin negar que Máslova hubiera participado en el robo del dinero, insistía solamente en que no tuvo intención de envenenar a Smelkov y le había dado los polvos sólo con la intención de que durmiera. Quiso mostrarse elocuente, describiendo cómo Máslova fue empujada al vicio por un hombre que la había seducido, quedando impune, mientras que ella tuvo que cargar con todo el peso de su caída. Pero fracasó en su incursión en el terreno de la psicología, y todos se sintieron molestos. Cuando empezó a hablar acerca de la crueldad de los hombres y de lo indefensas que estaban las mujeres, el presidente, queriendo ayudarle, le invitó a que se ciñera a los hechos.