Resurrección
Resurrección Después de este defensor, volvió a levantarse el sustituto del fiscal y defendió su posición acerca de la herencia en contra de lo que había dicho el primer defensor. Si Bochkova era hija de padres desconocidos, entonces la verdad de la ciencia del atavismo no se invalidaba en modo alguno, ya que la ley de la herencia estaba tan sólidamente establecida por la ciencia que no sólo podemos deducir el crimen de la herencia, sino también la herencia del crimen. En cuanto a la hipótesis emitida por la defensa de que Máslova había sido pervertida por un seductor imaginario —pronunciando esta última palabra con especial veneno—, todas las pruebas coincidían en mostrar que era ella la seductora de innumerables víctimas, que habían pasado por sus manos. Dicho esto, se sentó con aire victorioso.
Después se ofreció a los condenados la posibilidad de alegar.
Efimia Bochkova repitió lo de antes: que no sabía nada y que no había participado en nada, e insistió tenazmente en que la culpable de todo era Máslova.
Simón sólo repitió varias veces:
—Pueden hacer lo que quieran, no soy culpable.
Máslova no alegó nada. Cuando el presidente la invitó a que dijese cuanto tuviera en su defensa, sólo levantó hacia él los ojos, miró a todos, como una fiera acorralada, enseguida los bajó y se echó a llorar, con grandes sollozos.