Resurrección

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Por la forma en que se había desarrollado la causa y por cuanto Nejliúdov conocía a Máslova, estaba convencido de que no era culpable en el robo ni en el envenenamiento, y al principio estaba seguro de que todos reconocerían eso. Pero cuando vio que después de la poco hábil defensa del comerciante —sin duda basada en que Máslova le gustaba físicamente, cosa que él no negaba— y de rechazarla el presidente, fundamentalmente basado en el cansancio de todos, decidieron inclinarse hacia la culpabilidad, Nejliúdov quiso oponerse, pero le daba miedo hablar en favor de Máslova, porque le parecía que todos inmediatamente se iban a enterar de sus relaciones con ella. Sin embargo, se daba cuenta de que no podía dejar así las cosas. Palidecía y enrojecía alternativamente, y en el momento en que iba a empezar a hablar, Piotr Guerasímovich —callado hasta ese momento—, irritado sin duda por el tono autoritario del presidente, de pronto empezó a objetarle y a decir lo mismo que quería decir Nejliúdov.

—Permítame —dijo—; dice usted que ella robó porque tenía la llave. ¿Acaso los criados no podían haber abierto la maleta después de ella con una llave buscada a propósito?

—Eso, eso —apoyaba el comerciante.

—Ella no podía coger el dinero, porque en su situación no tenía en qué emplearlo.


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