Resurrección
Resurrección —Eso digo yo también —apoyó de nuevo el comerciante.
—Más bien su llegada sugirió la idea a los criados, se aprovecharon de la ocasión y luego le echaron las culpas.
Piotr GuerasÃmovich hablaba irritado. Su irritación se contagió al presidente, quien, como consecuencia de ello, se aferró en mantener la opinión contraria. Pero Piotr GuerasÃmovich hablaba con tanta persuasión que la mayorÃa se puso de acuerdo con él, reconociendo que Máslova no habÃa participado en el robo del dinero ni del anillo, y que éste le fue regalado por el comerciante. Cuando se empezó a hablar de su participación en el envenenamiento, su ardiente defensor, el comerciante, dijo que era preciso reconocerla inocente, ya que no tenÃa por qué envenenarle.
El presidente consideró que no se la podÃa declarar inocente, porque ella misma habÃa confesado que le dio los polvos.
—Se los dio, pero creyó que era opio —dijo el comerciante.