Resurrección
Resurrección Piotr GuerasÃmovich se puso a discutir que caÃa de su peso que si no habÃa cogido dinero no podÃa tener intención de matar.
—Pero si he leÃdo las respuestas antes de salir de aquà —se justificaba el presidente—. Nadie ha objetado.
—Yo no estaba en la habitación en aquel momento —dijo Piotr GuerasÃmovich—. Y usted ¿estaba bostezando?
—No podÃa imaginarlo —dijo Nejliúdov.
—Ya ve, no podÃa imaginarlo.
—Pero eso puede arreglarse —dijo Nejliúdov.
—No, no, ahora ya no hay nada que hacer.
Nejliúdov miró a los acusados. Eran los mismos cuyo destino se habÃa decidido, permanecÃan inmóviles detrás de la barandilla, ante la vigilancia de los soldados. Por algún motivo, Máslova sonreÃa. En el alma de Nejliúdov surgió un sentimiento desagradable. Poco antes, previendo que la iban a absolver y que quedarÃa en la ciudad, estaba indeciso respecto a cómo debÃa tratar con ella, y esto le resultaba difÃcil. Los trabajos forzados y Siberia eliminaron automáticamente la posibilidad de cualquier relación con esa mujer; el pájaro herido dejarÃa de debatirse en el morral y de recordarle que existÃa.