Resurrección
Resurrección La diferencia entre lo que fue entonces y lo que era ahora resultaba enorme, tanta o mayor que la diferencia entre la Katiusha de la iglesia y aquella prostituta que se había emborrachado con el comerciante y que juzgaron aquella mañana. En aquel tiempo era un hombre vigoroso, libre, ante quien se ofrecían infinidad de posibilidades; ahora, se sentía acusado por todas partes, envuelto en las redes de una vida absurda, vacía, sin objetivo, mezquina, a la que no veía ninguna salida y la mayoría de las veces ni siquiera deseaba. Recordó cómo se enorgullecía en otro tiempo de su franqueza, cómo estableció la norma de decir siempre la verdad y, en efecto, era veraz, y cómo ahora estaba metido en la mentira, la terrible mentira, que todos cuantos le rodeaban reconocían como verdad. Y ya no había forma de salir, al menos no la encontraba. Se había sumergido por completo en aquella mentira. Estaba tan acostumbrado a ella que hasta le resultaba agradable.