Resurrección
Resurrección —Viene del Tribunal, señor —dijo el mayor de los soldados de la escolta saliendo de entre los detenidos, y llevándose la mano a la visera.
—Entrégala al jefe de los carceleros. Pero ¡qué desorden es éste!
—SÃ, señor; enseguida.
—¡Sokolov! Hágase cargo de ella —gritó el ayudante.
El jefe de los carceleros se acercó enfadado y empujó a Máslova en un hombro, le hizo una seña con la cabeza y la condujo al corredor de mujeres. En el corredor del departamento femenino la cachearon, buscaron y no encontraron nada —la cajetilla de cigarrillos la habÃa introducido en el pan—, y la internaron en la misma sala de la que habÃa salido por la mañana.