Resurrección
Resurrección Sofía Ivánovna, la madrina de la niña, era la hermana menor y la más bondadosa; María Ivánovna, la mayor, se mostraba más severa. Sofía Ivánovna vestía a la niña con elegancia, le enseñaba a leer y hasta quería prohijarla. En cambio, María Ivánovna opinaba que debían convertirla en una buena doncella. Se mostraba muy exigente, le castigaba e incluso le pegaba, cuando estaba de mal humor. La niña creció bajo esas dos influencias. Al convertirse, en mujer, resultó medio doncella, medio señorita. Incluso la llamaban con un nombre intermedio: ni Katka ni Kátienka, sino Katiusha, Cosía, arreglaba las habitaciones, limpiaba los marcos, guisaba, hacía la molienda, servía el café, hacía pequeños lavoteos y, a veces, se sentaba con las señoritas y leía.
Varias veces la habían pedido en matrimonio, pero no quería casarse con nadie. Presentía que la vida con cualquiera de aquellos hombres humildes que la pretendían resultaría difícil para ella, acostumbrada a la agradable vida de los señores.