Resurrección
Resurrección —¡No conoces a Sheglov! Se ha escapado dos veces de presidio. Ahora le han cogido, pero volverá a escapar. Hasta los guardianes le tienen miedo —decÃa Joroshavka, que pasaba papelitos entre los presos y sabÃa todo lo que ocurrÃa en la prisión—. Se escapará, seguro.
—Se escapará, pero no nos llevará con él —dijo Korabliova—. Mejor es que no digas —se dirigió a Máslova— qué ha dicho el abogado acerca de presentar una solicitud. Ahora puedes hacerlo.
Máslova dijo que no sabÃa nada.
En aquel momento, la mujer pelirroja metió las manos cubiertas de pecas en su cabellera rojiza, espesa y enmarañada, y rascándose la cabeza se acercó a las «aristócratas» que bebÃan vino.
—Te diré lo que debes hacer, Katerina —dijo a Máslova—. Ante todo escribe una instancia diciendo que no estás conforme con la condena, y luego dirÃgete al fiscal.
—¿Qué haces tú aqu� —le increpó Korabliova, enfadada, con voz de bajo—. Has olido el vino y se te ha hecho la boca agua. Ya sabemos lo que hay que hacer, no te necesitamos.
—No hablo contigo. ¿Por qué te metes?
—¿Quieres vino? Puedes esperar sentada.
—Bueno, échale un poco —dijo Máslova, que repartÃa siempre todo lo suyo.