Resurrección
Resurrección Al cabo de unos minutos, Máslova se animó y empezó a contar con vivacidad lo que le había ocurrido en el juicio. Dijo que en la sala todos la miraban con visible agrado y que a propósito, para verla, habían estado entrando en la sala de los detenidos.
—Incluso el soldado de la escolta, me dijo: «Todos esos vienen por verte». Venía alguno como para buscar un papel o algo, pero yo me daba cuenta de que no necesitaba aquel papel, y que me comía con los ojos —decía sonriendo y moviendo la cabeza con perplejidad.
—Estas cosas, ya se sabe —intervino la guardabarrera, y enseguida empezó a fluir su conversación cantarina—. Acuden como las moscas a la miel. Para otra cosa no están, pero lo que es para eso… ¡Como para darles pan a sus hermanos…!
—Y también aquí —la interrumpió Máslova— me ha pasado. En el momento en que me trajeron, llegaba una partida de presos desde la estación. Se han metido conmigo con tanta insistencia que no sabía cómo librarme de ellos. Gracias a que los echó el ayudante. Uno fue tan descarado, que le tuve que rechazar a empujones.
—¿Cómo era? —pregunta Joroshavka.
—Moreno y con bigote.
—Debe ser él.
—¿Quién?
—Pues Sheglov. El que acaba de atravesar el patio.
—¿Y quién es Sheglov?