Resurrección
Resurrección Pero la pelirroja avanzó hacia ella, y Korabliova le dio un empujón en el pecho abultado, que tenía descubierto. La pelirroja, como si fuera lo que esperaba, agarró con una mano el pelo de Korabliova y con la otra quiso golpearle el rostro, pero Korabliova le sujetó la mano. Máslova y Joroshavka agarraron de la mano a la pelirroja, tratando de separarlas, pero la mano de la pelirroja que sujetaba la trenza no se abría. Sólo por un segundo soltó el pelo, pero para enredarlo enseguida en torno al puño. Korabliova, con la cabeza torcida, golpeaba con una mano el cuerpo de su adversaria, y trataba de morderle la mano. Las mujeres se agruparon en torno a ellas, intentaban separarlas y gritaban. Los niños se abrazaron y empezaron a llorar. Al oír aquel ruido, una carcelera y un vigilante entraron en la sala. Separaron a las contendientes. Korabliova se soltó la trenza de cabellos grises, separando los mechones arrancados; la pelirroja, sujetando sobre su pecho amarillento la camisa destrozada, gritaba lo mismo que la otra, dando explicaciones y quejándose.
—Sí, ya lo sé. Todo esto es consecuencia del vino. Mañana se lo diré al director y os echará una bronca. Noto el olor —decía la carcelera—. Recoged las cosas o va ser peor, no se harán distinciones. Todo el mundo a sus sitios, y a callar.