Resurrección
Resurrección »Resulta evidente que este muchacho no es un malhechor tan importante, sino un hombre corriente —eso lo ven todos—, y se ha convertido en lo que es sólo por las circunstancias que le han empujado a ello. Además, parece claro que para que no existan tales muchachos es preciso tratar de destruir las circunstancias en que se forman estos seres desgraciados.
»¿Qué hacemos nosotros? Apresamos al azar a un muchacho asÃ, sabiendo muy bien que miles como él quedan en libertad. Lo metemos en la cárcel, dejándole completamente ocioso, o le condenamos a un trabajo malsano y absurdo en compañÃa de otros seres como él, debilitados y baqueteados por la vida. Después le deportamos por cuenta del Estado, en compañÃa de los seres más perversos, desde Moscú a la provincia de Irkutsk.
»No hacemos nada para destruir las condiciones en que se engendran tales seres, y no sólo no hacemos nada, sino que hasta fomentamos la existencia de establecimientos donde se forman. Estos establecimientos son conocidos: fábricas, factorÃas, talleres, bares, tabernas y casas de tolerancia. Y no sólo no destruimos estos establecimientos, sino que, considerándolos imprescindibles, los apoyamos y regularizamos su marcha.