Resurrección
Resurrección Del expediente se desprendía que de niño el muchacho había sido colocado por su padre en una fábrica de tabaco, donde permaneció cinco años. Aquel año había sido despedido por el patrón a causa de un disgusto entre éste y los obreros, se había quedado sin trabajo, y vagabundeaba por la ciudad gastándose en vino lo último que le quedaba. En una taberna se encontró con un muchacho cerrajero, que se había quedado sin trabajo antes que él, y se dedicaba a beber. De noche, borrachos los dos, rompieron el candado de la puerta de una cochera y cogieron lo primero que les cayó bajo las manos. Los cogieron y se confesaron culpables. Los metieron en la cárcel donde, esperando el juicio, murió el cerrajero. Al muchacho le juzgaban ahora como a un ser peligroso al que es preciso apartar de la sociedad.
«Es un ser tan peligroso, como la criminal de ayer —pensaba Nejliúdov escuchando todo lo que se decía sobre él—. Ellos son peligrosos, y nosotros ¿no somos peligrosos?… Yo soy un depravado, aventurero y mentiroso, y todos nosotros lo somos. Aquéllos que me conocen bien no sólo no me desprecian, sino que me respetan. Pero incluso si este muchacho fuera el criminal más peligroso para la sociedad, el más peligroso de todos los que se encuentran en esta sala ¿qué deberíamos hacer con él, sensatamente, ahora que ha caído?