Resurrección
Resurrección El abogado de oficio, designado por el Tribunal, demostraba que el robo no se había cometido en lugar habitado y que, aunque no se podía negar el acto delictivo, el acusado no representaba un peligro para la sociedad, según afirmaba el sustituto del fiscal.
El presidente, igual que el día anterior, dejaba constancia de su imparcialidad y espíritu de justicia y explicó con toda claridad y sugirió a los jurados lo que ya sabían y no podían dejar de saber. Lo mismo que la víspera, se suspendía el juicio, se fumaba igual, y el ujier gritaba: «El Tribunal», y de la misma forma, tratando de no dormirse, permanecían sentados, con los sables desenvainados, amenazando al criminal.