Resurrección
Resurrección —Por favor, siéntese.
Nejliúdov seguÃa en pie.
Extendido el pase, el fiscal entregó el papel a Nejliúdov, mirándole con curiosidad.
—Tengo que advertirle, además —continuó Nejliúdov—, que no puedo seguir formando parte del jurado.
—Como usted sabe, para eso tendrá que presentar al Tribunal unos motivos que tengan fundamento.
—El motivo es que considero los juicios no sólo inútiles, sino inmorales.
—Bueno —dijo el fiscal con aquella sonrisa apenas iniciada, como dando a entender que le eran conocidas tales afirmaciones, y que pertenecÃan a cierto tipo de gente que le resultaba divertida—. Pero comprenderá sin duda que yo, como fiscal del Tribunal, no puedo estar de acuerdo con usted. Pero eso le aconsejo que lo haga saber al Tribunal: el Tribunal decidirá si sus motivos tienen fundamento o no, y en último caso le impondrá una multa. DirÃjase al Tribunal.
—Lo he advertido, y no pienso ir a ningún sitio más —dijo Nejliúdov enfadado.
—Mucho gusto —dijo el fiscal, haciendo una inclinación con la cabeza.
—¿A quién ha recibido usted? —preguntó el juez, al entrar en el despacho del que acababa de salir Nejliúdov.