Resurrección
Resurrección —¿Cómo es eso? —preguntó el fiscal.
—Porque yo la he engañado y la he conducido a la situación en que se encuentra ahora. De no haber llegado a ser, por culpa mía, lo que era, no habría sido expuesta a tal acusación.
—De todas formas, no veo la relación que tiene esto con la entrevista.
—Es que quiero seguirla y… casarme con ella —expresó Nejliúdov. Y, como siempre, tan pronto como habló de esto, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Sí? ¡Vaya, vaya! —dijo el fiscal—. Realmente es un caso muy excepcional. ¿Usted, según creo, es miembro del zemstvo de Krasnopersk? —preguntó el fiscal, como recordando que había oído hablar antes de este Nejliúdov, que ahora le anunciaba una decisión tan extraña.
—Perdóneme, pero no creo que esto tenga relación alguna con mi petición —enrojeciendo, replicó Nejliúdov irritado.
—Naturalmente que no —dijo el fiscal, apenas iniciando una sonrisa y sin turbarse en absoluto—, pero su deseo es tan extraordinario y tan fuera de lo común.
—Entonces, ¿puedo obtener la autorización?
—¿La autorización? Sí, ahora mismo le voy a dar un pase. Tenga la bondad de sentarse.
Se acercó a la mesa, se sentó y se puso a escribir.