Resurrección
Resurrección —¿Máslova? ¡Ah, sÃ, sé quién es! Está acusada de envenenamiento —dijo tranquilamente el procurador—. ¿Para qué necesita verla? —Y luego, como deseando suavizar su actitud, añadió—: No puedo autorizarle la entrevista sin saber cuál es el motivo.
—Necesito verla para una cuestión personal muy importante —dijo Nejliúdov, enrojeciendo.
—Bueno —comenzó el fiscal, y alzando la vista examinó detenidamente a Nejliúdov—. ¿Se ha visto ya la causa de esa mujer, o todavÃa no?
—Fue juzgada ayer y condenada a cuatro años de trabajos forzados, con absoluta injusticia. Es inocente.
—Bueno. Si la juzgaron ayer —dijo el fiscal, sin hacer el menor caso sobre la afirmación de Nejliúdov de la inocencia de Máslova—, entonces hasta que la sentencia se haga firme, debe encontrarse en la prisión preventiva. Las visitas se autorizan únicamente los dÃas señalados. Le aconsejo que se dirija allÃ.
—Pero necesito verla cuanto antes —dijo Nejliúdov mientras le temblaba la barbilla y sentÃa que se acercaba el momento decisivo.
—¿Para qué desea verla? —preguntó el fiscal, alzando las cejas con cierta inquietud.
—Porque es inocente y ha sido condenada a trabajos forzados. El culpable de todo soy yo —dijo Nejliúdov con voz trémula, percatándose de que no debÃa haber dicho aquello.