Resurrección
Resurrección «Gloria a la Santísima Inmaculada y Purísima Virgen María», pronunció en voz alta el sacerdote, y el coro cantó con solemnidad alabanzas a la Santísima Virgen, que concibió a Cristo sin pecado y que por ello merece honores más grandes que los querubines y mayor gloria que los serafines. Después de esto se consideraba que había tenido lugar la conversión. El sacerdote quitó el paño del platillo, cortó en cuatro trozos un pedacito de pan, poniéndolo primero en la copa de vino y llevándoselo después a la boca. Se suponía que al hacerlo comía un trocito de cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo y bebía un sorbo de su sangre. Luego el sacerdote separó las cortinillas, abrió la puertecita central y cogiendo en sus manos el copón de oro, se adelantó con él e invitó a los que quisieran a tomar el cuerpo y la sangre de Nuestro Señor, que se encontraba dentro.
Los que lo deseaban resultaron ser unos cuantos niños.