Resurrección
Resurrección Cautelosamente el sacerdote les preguntó cuáles eran sus nombres y, cogiendo cuidadosamente con una cucharilla pedacitos de pan empapados en vino, metÃa dentro de la boca de cada niño, por turno, un trocito de pan mojado en vino; a continuación el sacristán —limpiándoles la boca— cantaba con alegre voz una canción en la que se decÃa que los niños comÃan el cuerpo de Nuestro Señor y bebÃan su sangre. Seguidamente el sacerdote se llevó el copón tras la barandilla y apuró allà toda la sangre y se comió todos los trocitos del cuerpo de Nuestro Señor, se chupó cuidadosamente el bigote, se secó la boca y el copón y con la mejor disposición de ánimo, haciendo crujir las finas suelas de sus zapatos de piel de becerro, con pasos briosos, avanzó hasta los fieles.