Resurrección
Resurrección Con esto finalizó la parte principal del servicio religioso cristiano. Pero el sacerdote, queriendo aliviar a los desgraciados presos, añadió a la ceremonia habitual otra extraordinaria. En ésta el sacerdote se colocó ante la presunta imagen forjada de oro —con la faz y las manos negras—, de aquel mismo Dios que acababa de comerse, iluminada por diez velas de cera, y pronunció, entonando con voz extraña y afectada, las siguientes palabras: «DulcÃsimo Jesús, gloria de los apóstoles; Jesús mÃo, consuelo de los mártires; Señor del Universo, sálvame; Jesús salvador mÃo, salva al que acude a Ti; ten misericordia, Jesús, profeta y salvador de hombres».
Al llegar aquà se interrumpió, tomó aliento, se santiguó, hizo una profunda reverencia y todos hicieron lo mismo: el director, los guardianes, los presos. Arriba, con mucha frecuencia, sonaban las cadenas.