Resurrección
Resurrección La ceremonia duró mucho tiempo. Se cantaron alabanzas, que terminaron con la palabra «sálvame»; seguidamente, venían otras alabanzas que acababan con el «Aleluya». Primero los presos se postraban a cada intervalo, luego se postraban cada dos veces y después cada tres; todos se pusieron muy contentos al finalizar todas las alabanzas y el sacerdote, lanzando un suspiro de alivio, cerró el librito y pasó al otro lado de la barandilla. Finalmente, el sacerdote tomó un crucifijo dorado con medallas de nácar en los extremos y salió con él al centro de la capilla.
Primero se acercó el director de la prisión y besó el crucifijo, luego el subdirector, los carceleros, y después, empujándose el uno al otro y lanzando injurias entre susurros, empezaron a acercarse los presos. El sacerdote, hablando con el director, les acercaba el crucifijo a la boca y, a veces, a las narices, los presos trataban de besar el crucifijo y la mano del sacerdote. Así finalizó aquella ceremonia cristiana, realizada para consuelo y edificación de los hermanos extraviados.