Resurrección
Resurrección —SÃdorov —dijo volviéndose a un suboficial con bigote que ostentaba varias medallas—, acompaña a este señor al locutorio de mujeres.
—A sus órdenes, señor.
En aquel momento junto a la reja se oyó el sollozo de alguien, que destrozaba el alma.
Todo le resultaba extraño a Nejliúdov, y lo más extraño de todo le parecÃa verse en la necesidad de dar las gracias y sentirse obligado ante el director y los viejos carceleros, que llevaban a cabo todas las crueldades en aquella prisión.
El vigilante sacó a Nejliúdov del locutorio de hombres al pasillo y, a continuación, abrió la puerta de enfrente y le introdujo en el locutorio de mujeres.