Resurrección
Resurrección Máslova no esperaba verle ni por lo más remoto del mundo, sobre todo ahora y aquí, por eso en el primer momento de su aparición se sorprendió. Y le obligó a recordar aquello que no recordaba nunca. Al principio evocó vagamente aquellas ideas y sentimientos del maravilloso mundo nuevo que le había sido descubierto por aquel joven encantador que la amaba y al que ella correspondía; luego, su crueldad incomprensible y toda una sucesión de humillaciones y sufrimientos que emanaron de esa felicidad. Esto le resultó doloroso. Pero incapaz de comprender lo que sucedía, procedió ahora como siempre: alejó aquellos recuerdos, procurando ocultarlos en la niebla de su depravada vida. Primero había asociado a aquel hombre que estaba sentado a su lado con aquel joven que amó en tiempos; pero luego, dándose cuenta de que aquello era demasiado doloroso, dejó de asociarlo. Ahora, este señor pulcro y bien vestido, con la barba perfumada, no era aquel Nejliúdov a quien había amado. Era uno de aquellos hombres que cuando lo necesitan se aprovechan de seres como ella, para sacarles el mayor provecho. Por eso le sonreía de manera seductora. Guardó silencio unos minutos, pensando qué provecho podría sacar él.
—Todo aquello ha terminado —dijo—. Ahora me han condenado a trabajos forzados.
Sus labios temblaron cuando pronunció esa terrible palabra.