Resurrección
Resurrección Generalmente se piensa que el ladrón, el asesino, el espía y la prostituta, reconociendo como mala su profesión, deben avergonzarse de ella. Pero ocurre lo contrario. A los hombres, colocados por su destino, pecados y errores en determinada situación —por inmoral que sea—, ésta les parece buena y respetable. Con objeto de encontrar un apoyo, se rodean instintivamente de un círculo de personas en que admiten su concepto sobre la vida y sobre la situación en que se encuentran. Esto nos sorprende cuando se trata de ladrones, orgullosos de su habilidad; de prostitutas, que presumen de su corrupción, y de criminales, que alardean de su crueldad. Pero nos sorprende porque el ambiente de estas gentes es limitado y, sobre todo, porque nos encontramos fuera de él. Pero ¿acaso no ocurre lo mismo entre los ricos que se enorgullecen de su riqueza, es decir, de sus robos; entre los militares que se enorgullecen de sus victorias, o sea, de sus crímenes; entre los poderosos que se enorgullecen de su poder, o lo que es lo mismo, de sus violencias? No vemos que tales personas deforman el concepto de la vida y del bien y del mal sólo porque el círculo de tales ideas deformadas es mayor, y nosotros mismos pertenecemos a él.
Y así era el punto de vista de Máslova sobre su vida y el lugar que ocupaba en el mundo.