Resurrección
Resurrección —Me ha extenuado por completo, el muy bribón. TenÃa ganas de desahogarme —dijo el abogado como justificándose por hablar de otra cosa—. Bueno, vamos a ver su asunto… Lo he leÃdo atentamente y «no apruebo su argumento», como dice Turguéniev, es decir, el abogadillo era malo y dejó escapar todos los motivos de casación.
—Entonces ¿qué ha decidido usted?
—Un momento. DÃgale —se volvió al pasante que acababa de entrar— que será tal como he dicho. Si puede, bien, y si no, nada.
—Pero no está conforme.
—Bueno, entonces nada —dijo el abogado y su rostro, de alegre y amable, se transformó en sombrÃo y malévolo.
—Luego dicen que los abogados cobran sin hacer nada —dijo, y la simpatÃa volvió a su rostro—. He salvado a un deudor insolvente de un gran apuro y de una acusación completamente falsa, y ahora todos se me vienen encima. Cada asunto de ésos me cuesta un esfuerzo Ãmprobo. También nosotros, como dice no sé qué escritor, dejamos parte de nuestra vida en el tintero. Bueno, pues su asunto o, mejor dicho, el asunto por el cual se interesa —continuó— está mal llevado, no hay buenos motivos de casación; pero asà y todo se puede intentar. He preparado esto.