Resurrección
Resurrección Mientras se tomaba el té, en todas las salas de la prisión se comentaba animadamente que aquel día iban a ser azotados dos reclusos. Uno de ellos era un muchacho joven, instruido, el dependiente Vasíliev, que había matado a su amante en un acceso de celos. Los compañeros de la sala le querían por su alegría, generosidad y energía en relación con los carceleros. Conocía las leyes y exigía que se cumplieran. Por eso no le estimaban los vigilantes. Tres semanas antes, un carcelero había golpeado a un recluso que llevaba una cacerola, porque había mojado su uniforme nuevo con un poco de sopa de coles. Vasíliev salió en defensa del que llevaba la cacerola, diciendo que estaba prohibido pegar a los reclusos. «¡Ya te enseñaré los reglamentos!», dijo el vigilante injuriando a Vasíliev. Vasíliev contestó de la misma forma. El vigilante quiso golpearle, pero Vasíliev le sujetó por el brazo, le mantuvo tres minutos inmovilizado, le hizo dar la vuelta y lo echó fuera. El vigilante presentó una queja y el director mandó meter a Vasíliev en el calabozo.