Resurrección
Resurrección —Le he traÃdo una solicitud para que la firme —dijo Nejliúdov un tanto extrañado del aspecto decidido con que le recibÃa en aquel momento—. El abogado ha escrito una solicitud, hay que firmarla y la mandaremos a San Petersburgo.
—Bueno, la firmaremos. Ya lo creo —exclamó Máslova guiñando un ojo y sonriendo.
Nejliúdov sacó del bolsillo una hoja doblada y se acercó a la mesa.
—¿Puede firmarla aqu� —preguntó Nejliúdov al director.
—Ven aquÃ, siéntate —dijo el director—, toma una pluma. ¿Sabes escribir?
—En tiempos sà supe —contestó sonriendo, arreglándose la falda y la manga de la blusa; se sentó junto a la mesa, cogió torpemente la pluma con su mano pequeña y enérgica y sin dejar de sonreÃr miró a Nejliúdov.
Éste le indicó cómo y dónde tenÃa que firmar.
Mojando y sacudiendo cuidadosamente la pluma estampó su nombre.
—¿No le hace falta nada más? —preguntó mirando ya a Nejliúdov ya al director y dejando la pluma tan pronto sobre el tintero como sobre el papel.
—Necesito decirle algo —exclamó Nejliúdov, y le cogió la pluma de las manos.