Resurrección
Resurrección Nejliúdov ignoraba en qué consistÃan las dificultades del director, pero ahora veÃa algo en él que inspiraba lástima, y un humor triste y desesperanzado.
—SÃ, creo que son muy penosas ¿y por qué ejerce este cargo? —preguntó.
—Carezco de medios de vida, y tengo familia.
—Pero si le resulta penoso…
—Bueno, de todos modos, le diré: en la medida de mis posibilidades aporto algún bien. Otro en mi lugar hubiera hecho las cosas de forma completamente distinta. Es fácil decirlo: hay más de dos mil personas ¡y qué personas! Hay que saber tratarlos. También es gente, y dan lástima. Pero tampoco se les puede consentir demasiado.
El director empezó a contar el reciente caso de la pelea de dos reclusos, que acabó con la muerte de uno.
Su relato quedó interrumpido por la entrada de Máslova, precedida de un carcelero.
Nejliúdov la vio en la puerta, antes de que ella se fijara en el director. TenÃa la cara encendida. SeguÃa al carcelero con paso firme, y sin dejar de sonreÃr movÃa la cabeza. Al ver al director, le miró asustada, pero inmediatamente se rehÃzo y con decisión y alegrÃa se acercó a Nejliúdov.
—Buenos dÃas —dijo con voz cantarina y sonrió mientras le apretaba con fuerza la mano, no como la otra vez.