Resurrección
Resurrección «¡Qué rara está hoy!», pensó Nejliúdov, y justo cuando le quiso decir lo importante de nuevo empezó a hablar.
—Verá, escuche una cosa. Hay aquà una viejecita que nadie entiende su presencia. Es una viejecita estupenda, y está encarcelada sin motivo. Están ella y su hijo, y todos saben que son inocentes. Pero los han acusado de incendiarios y los han encarcelado. Ella ¿sabe? se ha enterado de que le conozco a usted —dijo Máslova moviendo la cabeza y mirándole—, y me dijo: «DÃselo, que pida una comunicación con mi hijo, y él le contará todo». Se apellidan Menshova. ¿Lo hará usted? Es una viejecita tan estupenda ¿Sabe? que se ve enseguida que es inocente. Usted, querido, haga lo posible —dijo mirándole, bajando los ojos y sonriendo.
—Bien, lo haré, me enteraré —dijo Nejliúdov, cada vez más extrañado de su desenvoltura—. Pero quiero hablar con usted de su situación. ¿Recuerda lo que le dije la otra vez? —preguntó.
—Habló usted mucho, ¿a qué se refiere? —preguntó sin dejar de sonreÃr y moviendo la cabeza a un lado y otro.
—Le dije que habÃa venido a pedirle que me perdonara —exclamó.
—¿Por qué habla siempre de eso? No tengo nada que perdonarle. HarÃa usted mejor…