Resurrección
Resurrección —¿Es posible, en realidad, que los tengan aquÃ, sencillamente, siendo inocentes? —preguntó Nejliúdov cuando salieron al corredor.
—¿Y qué le va usted a hacer? Pero también hay muchos que mienten. Escúchelos, todos son inocentes —decÃa el subdirector.
—Pero éstos no son culpables.
—Éstos, supongamos que no. Pero el pueblo está muy estropeado. Sin emplear severidad es imposible con ellos. Hay tipos tan temerarios, que no puede uno descuidarse. Precisamente ayer nos vimos obligados a castigar a dos.
—¿Castigar cómo? —preguntó Nejliúdov.
—Con azotes, por orden superior…
—Pero si los castigos corporales están prohibidos.
—No para los que están privados de sus derechos civiles.
Nejliúdov recordó lo que habÃa visto la vÃspera, mientras esperaba en el vestÃbulo, pensando que el castigo se llevaba a cabo precisamente entonces. Con extraordinaria fuerza sintió una mezcla de curiosidad, tristeza, asombro y repugnancia fÃsica, que ya habÃa experimentado antes, pero nunca con tanta fuerza.