Resurrección
Resurrección Agrafena Petrovna había pasado diez años en el extranjero, en distintas épocas, acompañando a la madre de Nejliúdov, y tenía el aspecto y los modales de una señora. Vivía en casa de los Nejliúdov desde la infancia, y había conocido a Dimitri Ivánovich cuando todavía le llamaban Mítienka.
—Buenos días, Dimitri Ivánovich.
—Muy buenos, Agrafena Petrovna. ¿Qué hay de nuevo? —preguntó Nejliúdov, en tono de broma.
—Una carta de la princesa o de su hija. Hace un rato que la ha traído una doncella, y espera en mi habitación —contestó Agrafena Petrovna, entregándole la carta con una sonrisa significativa.
—Está bien, ahora contestaré —dijo Nejliúdov cogiendo la carta, y frunciendo el ceño al notar la sonrisa de Agrafena Petrovna.
Aquella sonrisa significaba que había escrito la princesa Korcháguina, con la cual —según Agrafena Petrovna— iba a casarse Nejliúdov. Esta suposición, expresada por la sonrisa del ama de llaves, le resultó desagradable.
—Entonces voy a decirle que espere —dijo Agrafena Petrovna, cogiendo un cepillito para barrer las migas de la mesa que no estaba en su sitio; lo colocó en otro lugar y salió del comedor.
Nejliúdov abrió la carta perfumada —que acababa de entregarle Agrafena Petrovna— y se puso a leerla.