Resurrección
Resurrección —¿Por qué estás malhumorada? —preguntó la guardabarrera—. Sobre todo, no te desanimes. ¡Eh, Katiusha! ¡Vamos! —dijo, moviendo rápidamente los dedos.
Máslova no contestaba.
—Las otras se han ido a lavar ropa. Dicen que hoy han traÃdo muchas limosnas —dijo la guardabarrera.
—¡Finashka! —gritó la guardabarrera mirando hacia la puerta—. ¿Dónde se ha metido el niño?
Sacó la aguja, la clavó en la madeja y el calcetÃn, y salió al corredor.
En aquel momento se oyó ruido de pasos y voces femeninas en el corredor y entraron las mujeres de la sala, con zapatos y sin medias. Cada una traÃa un pan y alguna incluso dos. Fedosia se acercó inmediatamente a Máslova.
—¿Qué? ¿No han ido bien las cosas? —preguntó Fedosia, mirando cariñosamente a Máslova, con sus claros ojos azules—. Esto es para nuestro té —y se puso a colocar los panes en la estanterÃa.
—¿Es que ha cambiado de idea y no quiere casarse contigo? —dijo Korabliova.
—No, no ha cambiado de parecer, pero soy yo la que no quiere —dijo Máslova—. Asà se lo he dicho.
—¡Qué tonta! —dijo Korabliova con su voz de bajo.
—Para no vivir juntos ¿a qué se van a casar? —preguntó Fedosia.