Resurrección
Resurrección —Cuando quiera, no tengo hambre. Voy a dar una vuelta por la aldea.
—¿No le apetecerÃa entrar en la casa? Dentro lo tengo todo en orden. Tenga la bondad de echar un vistazo, si lo de fuera…
—No, después. Ahora, dÃgame, por favor, ¿hay aquà en la aldea una mujer llamada Matriona Járina?
Era la tÃa de Katiusha.
—¡Cómo no! Vive en la aldea, pero no puedo meterla en vereda de ningún modo. Tiene una taberna. Lo sé, se lo recrimino y la regaño, pero me da pena denunciarla: es vieja y tiene nietos —dijo el administrador siempre con la misma sonrisa que expresaba el deseo de ser amable con el dueño, y la seguridad de que Nejliúdov, lo mismo que él, se hacÃa cargo de todas las cosas.
—¿Dónde vive? Me gustarÃa visitarla.
—Al final de la aldea, por el otro lado, la tercera isbá. A mano izquierda hay una casa de ladrillos, y detrás de esa casa de ladrillos está la choza. Pero es mejor que le acompañe —se ofreció el administrador, sonriendo alegremente.
—No, muchas gracias, ya la encontraré. Y usted mientras, por favor, avise a los campesinos para que se reúnan: tengo que hablar con ellos acerca de la tierra —dijo Nejliúdov, que se disponÃa a arreglar aquà los asuntos lo mismo que en KuzmÃnskoye y, a ser posible, aquella misma tarde.