Resurrección

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Nejliúdov abandonó el jardín y se acercó a la entrada, donde permanecían dos mujeres desgreñadas, una de las cuales, sin duda, estaba embarazada. El administrador estaba en las escalerillas de la entrada, con las manos metidas en los bolsillos de un abrigo de paño. Al ver al amo las mujeres quedaron en silencio y empezaron a arreglarse los pañuelos que se habían escurrido de sus cabezas, el administrador sacó las manos de los bolsillos y empezó a sonreír.

Se trataba, según el administrador, de que los campesinos echaban a propósito las terneras e incluso las vacas al prado del amo. Dos de estas vacas acababan de ser cogidas en el prado y encerradas; el administrador exigía a las mujeres el pago de treinta cópecs por cada vaca o dos días de trabajo. Las mujeres aseguraban, en primer lugar, que las vacas no habían hecho más que entrar en el prado; en segundo, que no tenían dinero; y por último que, aun aceptando pagarlo con el trabajo, pedían que se les devolviesen inmediatamente las vacas, que estaban encerradas desde por la mañana sin pienso, y sufrían lastimosamente.

—Cuántas veces os he dicho por las buenas —decía el sonriente administrador, mirando a Nejliúdov, como si le pusiera de testigo— que vigiléis vuestras vacas.

—Sólo fui corriendo a ver al pequeño, y se me escapó.


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