Resurrección
Resurrección La negativa de los campesinos no había desconcertado en absoluto a Nejliúdov. Al contrario, a pesar de que allí, en Kuzmínskoye, aceptaron su proposición y le daban continuamente las gracias, y aquí le habían demostrado desconfianza e incluso hostilidad, se sentía tranquilo y contento. En la habitación había una atmósfera sofocante y mucha suciedad. Nejliúdov salió al patio y quiso ir al jardín, pero recordó aquella noche la ventana de la habitación de las criadas, la escalinata de la puerta de servicio, y le resultaba desagradable andar por los lugares que habían sido mancillados por los recuerdos de su falta. Se sentó de nuevo en la escalinata y aspiró el aire tibio, repleto del intenso olor de las hojas nuevas de los álamos. Miró durante largo tiempo el oscuro jardín y escuchó el rumor del molino, el canto del ruiseñor y de otro pájaro que silbaba de forma monótona en la espesura, cerca de la escalinata. En la habitación del administrador apagaron la luz. Por levante, detrás de la cuadra, resplandecía la luna que se iba alzando. Unos relámpagos fueron iluminando más y más intensamente el exuberante y floreciente jardín y la casa ruinosa. A lo lejos se oyó el trueno, y la tercera parte del cielo se cubrió de nubes negras. Los ruiseñores y los pájaros enmudecieron. Con el ruido del agua en el molino se oyó el graznido de los patos y, más tarde, en el pueblo y en el corral del administrador, empezaron a lanzar sus gritos los gallos tempraneros, como suelen hacerlo en las calurosas noches de tormenta. Un refrán dice que los gallos cantan temprano presagiando una noche feliz. La imaginación ofreció ante él la sensación de aquel verano que había pasado aquí, cuando era un joven inocente, y se sentía ahora no sólo como entonces, sino como en los mejores momentos de su vida. No sólo recordó, sino que se sintió tal como era cuando tenía catorce años y pedía a Dios que le descubriera la verdad, cuando de niño lloraba en el regazo de su madre al separarse de ella y prometía ser siempre bueno y no amargarla; se sintió tal como era cuando él y Nikólienka Irtiénev, decidían que siempre iban a ayudarse mutuamente en una vida buena, y tratarían de hacer felices a todos los seres.