Resurrección
Resurrección —Ayer, cuando fui a buscarle a casa del prÃncipe Korchaguin, acababa usted de marcharse —dijo el cochero, volviendo a medias su robusto cuello curtido que asomaba de la camisa blanca—. El portero me dijo: «Acaba de marcharse».
«Hasta los cocheros están enterados de mis relaciones con los Korchaguin», pensó Nejliúdov. Y surgió la interrogante que le preocupaba continuamente en los últimos tiempos: ¿debÃa o no casarse con la princesa Korcháguina? Como en la mayorÃa de los problemas que se planteaba en aquella época, no era capaz de resolverlo en un sentido o en otro.
En favor del matrimonio habÃa en general dos consideraciones. Aparte del placer de poseer un hogar, podÃa abandonar su irregular vida sexual y tener hijos; confiaba en que la familia, los hijos, darÃan un sentido a su actual existencia vacÃa. Esto, en favor del matrimonio. En contra, estaba ese miedo que tienen los hombres de cierta edad a perder su libertad y, además, el temor inconsciente ante el misterio que encierra toda mujer.