Resurrección
Resurrección La lluvia se había convertido en chaparrón y escurría por los tejados; los relámpagos más distanciados iluminaban el patio y la casa. Nejliúdov regresó al dormitorio y se metió en la cama, no sin temor a las chinches, cuya presencia hacían sospechar los trocitos de papel arrancados de las paredes.
«Sí, eso es: no debo sentirme amo, sino siervo», pensaba y se alegraba de esa idea.
Sus temores se confirmaron. Tan pronto como apagó la vela, rodeándole, le empezaron a picar los insectos.
«Ceder las tierras, marchar a Siberia; allí tendré pulgas, chinches, suciedad… Si hay que cargar con eso, lo haré.» Pero, a pesar de sus propósitos, no pudo soportar a las chinches y se sentó ante la ventana abierta, admirando las nubes que se disipaban y la luna que volvía a quedar al descubierto.