Resurrección
Resurrección —Bueno, eso está bien —intervino el viejo de los rizos como Moisés, sospechando sin duda que Nejliúdov querÃa arrebatarles las tierras.
—Por eso he venido: no quiero seguir siendo el dueño de las tierras; y necesito pensar en la forma de deshacerme de ellas.
—Pues entrégaselas a los campesinos, eso es todo —dijo el malhumorado viejo sin dientes.
Nejliúdov se turbó al principio, notando en estas palabras la sospecha de la sinceridad de su propósito. Pero se rehÃzo pronto, y aprovechó estas observaciones para exponer lo que querÃa decir.
—Me gustarÃa darlas —dijo—, pero ¿a quién y cómo? ¿A qué campesinos? ¿Por qué a vuestra comunidad y no a la de DemÃnskoye? —era una aldea vecina, con unas parcelas miserables.
Todos callaban. Sólo el ex soldado dijo:
—Exactamente.
—Pues veamos —prosiguió Nejliúdov—, decidme si el zar hubiera dicho que se quitara la tierra a los propietarios para repartirla entre los campesinos…
—¿Acaso se rumorea eso? —preguntó el mismo viejo.
—No, el zar no ha dicho nada. Lo digo como cosa mÃa. ¿Qué pasarÃa si dijese el zar: «Quitadle la tierra a los propietarios y dádsela a los campesinos»? ¿Cómo lo harÃais?