Resurrección
Resurrección —Los impuestos deben ser tales que no resulte caro ni barato… Si fuesen caros no se podrÃan pagar y habrÃa pérdidas, y si fuesen baratos todos se pondrÃan a comprar unos a otros y se establecerÃa un comercio con la tierra. Esto es lo que yo querÃa hacer con vosotros.
—Eso es justo, está bien. ¿Y por qué no? —preguntaban los campesinos.
—¡Qué cabeza! —repetÃa el campesino de hombros anchos y barba ensortijada—. ¡Qué bárbaro, lo que ha inventado!
—Bueno ¿y qué pasarÃa si yo también quisiera arrendar tierras? —preguntó sonriendo el administrador.
—Si queda un lote libre, arriéndela y trabájela —respondió Nejliúdov.
—¿Para qué la quieres? Tú comes de sobra —dijo el viejo de los ojos risueños.
En esto terminaron las deliberaciones.
Nejliúdov volvió a repetir su proposición, pero no pidió que le contestaran enseguida, sino que aconsejó que lo discutiesen con la comunidad y le diesen la respuesta.