Resurrección
Resurrección —No, todavÃa hay otra cosa. Me han escrito unos sectarios —dijo Nejliúdov, sacando del bolsillo la carta—. Se trata de un caso sorprendente, si es verdad lo que me escriben. Ahora trataré de verlos y de enterarme del asunto.
—Veo que se ha hecho usted el portavoz a través del cual se vierten todas las quejas de presidio —dijo el abogado, sonriendo—. Eso ya es demasiado, no podrá con tanto.
—No, pero se trata de un asunto verdaderamente asombroso —y contó en resumen la esencia del asunto: unos hombres se reunÃan en la aldea para leer los Evangelios, llegaron las autoridades y los dispersaron. Al domingo siguiente volvieron a reunirse. Entonces llamaron al jefe de la policÃa, levantaron el acta y el asunto pasó a los Tribunales. El juez de instrucción los sometió a interrogatorio, el fiscal redactó el acta de acusación y la sala la confirmó. El fiscal los condenó; en la mesa estaban las piezas de convicción: los Evangelios. Y fueron condenados a destierro—. Es algo horroroso —decÃa Nejliúdov—. ¿Será posible que sea verdad?
—¿Qué le sorprende en esto?
—Pues todo. Vaya, comprendo al jefe de policÃa rural, al que le dan órdenes, pero el fiscal que levantó el acta de acusación es un hombre instruido.