Resurrección
Resurrección —SÃ, querÃa; pero la que no quiere es ella.
Katerina Ivánovna, alzando las cejas y bajando los ojos, miró a su sobrino en silencio y con extrañeza. De pronto su rostro se transformó y expresó alegrÃa.
—Bueno, ella es más lista que tú. ¡Ay, qué tonto eres! ¿Y te casarÃas con ella?
—Sin duda alguna.
—¿Después de lo que ha sido?
—Con mayor razón, porque soy el culpable.
—No, tú lo que eres es un estúpido —dijo la tÃa, conteniendo la sonrisa—. Eres un tremendo estúpido, pero precisamente por eso te quiero, porque eres un terrible estúpido —repitió—. Aline tiene un magnÃfico asilo para Magdalenas. Yo estuve una vez. Son repulsivas. Luego estuve lavándome. Pero Aline se ocupa de ellas en corps et âme.[63] Entonces, llevaremos a la tuya allÃ. Si alguien es capaz de enmendarla, será Aline.
—Pero si está condenada a trabajos forzados. Para eso he venido, para gestionar que conmuten la condena. Es el primer asunto que me trae a ti.
—¡Vaya! ¿Dónde está su causa?
—En el Tribunal Supremo.