Resurrección
Resurrección —Bueno ¿qué he oÃdo contar de ti? Una especie de milagro —le decÃa la condesa Katerina Ivánovna, haciéndole beber café inmediatamente después de su llegada—. Vous posez pour un Howard.[60] Ayudas a los delincuentes. Visitas las cárceles; deshaces entuertos.
—Nada de eso. Ni lo pienso.
—Bueno, eso está bien. Pero aquà hay una historia romántica. Anda, cuéntamela.
Nejliúdov contó sus relaciones con Máslova, como habÃan ocurrido.
—Lo recuerdo, lo recuerdo. La pobre Elena me dijo algo entonces, cuando vivÃas en casa de aquellas viejecitas. Por lo visto querÃan casarte con su pupila —la condesa Katerina Ivánovna habÃa despreciado siempre a las tÃas de Nejliúdov por parte de padre—… Entonces ¿es ella? Elle est encore jolie?[61]
La tÃa Katerina Ivánovna era una mujer de sesenta años, sana, alegre, enérgica, charlatana, y se le destacaba en el labio superior un bigotillo negro. Nejliúdov la querÃa, y desde niño se habÃa acostumbrado a contagiarse de su energÃa y su alegrÃa.
—No, ma tante,[62] todo eso ha acabado. Sólo querÃa ayudarle, porque, en primer lugar, está condenada injustamente y, además, yo soy culpable de su mala suerte. Me siento obligado a hacer por ella lo que pueda.
—Pero me habÃan dicho que te querÃas casar con ella.