Resurrección
Resurrección Cuando se convirtió en ministro, no sólo sus subordinados —dependÃa de él mucha gente y también sus familiares—, sino todas las personas extrañas y él mismo, estaban seguros de que era un hombre de Estado muy inteligente. Pero cuando pasó un determinado tiempo y no habÃa arreglado ni demostrado nada, y cuando, por la ley de la lucha por la existencia, otros hombres iguales que él, con buena presencia y sin principios, que habÃan aprendido a redactar y comprender los documentos, le desplazaron y tuvo que marcharse cesante, entonces se vio claro que no sólo no era muy inteligente ni de grandes ideas, sino muy limitado y poco culto, si bien seguro de sà mismo. Y que apenas se mantenÃa en sus opiniones, al nivel de los artÃculos de los periódicos conservadores más triviales. Resultó que nada en él lo distinguÃa de otros funcionarios poco cultos y seguros de sà mismos que le desplazaron, y lo comprendió. Sin embargo, este hecho no hizo vacilar su convicción de que debÃa recibir todos los años grandes cantidades de dinero del Tesoro y nuevas condecoraciones para su uniforme de gala. Esto era tan firme, que nadie se atrevÃa a contradecirle. Y cada año recibÃa como pensión o gratificación, por ser miembro o presidente de diversas comisiones y comités, varias decenas de miles de rublos. Por otro lado, el aumentar cada año el número de galones en su uniforme y lucir sobre el frac nuevas cintas con estrellitas de esmalte le agradaba mucho. Como consecuencia de esto, el conde Iván Mijáilovich gozaba de grandes relaciones.