Resurrección
Resurrección —¡Vaya! ¿Usted también ha venido a parar aquÃ? —se dirigió a Nejliúdov Piotr GuerasÃmovich con una risa estentórea—. ¿No se ha podido escabullir?
—No he pretendido hacerlo —dijo Nejliúdov, con expresión grave y sombrÃa.
—Bueno, eso es tener valor cÃvico. Espere un poco, cuando tenga hambre y sueño ¡ya cambiará de parecer! —aseguró con una risa todavÃa más fuerte Piotr GuerasÃmovich.
«Es hijo de arcipreste —pensó Nejliúdov—, no tardará en hablarme de tú.» Y adoptando una expresión de pena, que sólo hubiera sido propia en caso de enterarse de la muerte de todos sus familiares, se apartó de él. Se acercó a un grupo que se habÃa formado en torno a un señor muy alto, de rostro afeitado y aspecto distinguido, que hablaba animadamente. Comentaba un proceso que se estaba celebrando en aquel momento en el Tribunal civil, como un asunto que conocÃa perfectamente, y nombraba a los jueces y a los abogados célebres por sus nombres y patronÃmicos. Contaba el extraordinario giro que un abogado habÃa sabido dar a la causa, una de cuyas partes —una señora anciana—, a pesar de que tenÃa toda la razón, tendrÃa que pagar una cantidad de dinero a la parte contraria.
—¡Es un abogado genial! —exclamó.