Resurrección
Resurrección Algunos de los jurados se conocÃan y otros tan sólo se figuraban quiénes eran sus compañeros. Hablaban del tiempo, de que la primavera se habÃa adelantado, y del proceso en el que iban a intervenir. Los que no conocÃan a Nejliúdov se apresuraron a trabar conocimiento con él, considerando, sin duda, que esto era un honor especial. Nejliúdov, como siempre que se encontraba entre gente desconocida, lo tomaba como un deber. Si le hubieran preguntado por qué se consideraba por encima de la mayorÃa de la gente, no hubiera podido contestar, ya que en su vida no habÃa méritos especiales. El hecho de que supiese bien inglés, francés y alemán, como el que sus trajes, corbatas y gemelos fueran de los mejores proveedores, no era razón en ningún modo —él mismo lo comprendÃa— para considerarse superior. Y, sin embargo, tenÃa conciencia de serlo y aceptaba las muestras de respeto como algo que se le debÃa, sintiéndose ofendido siempre que no era asÃ. Precisamente en la sala de los jurados tuvo que experimentar esta desagradable sensación. Entre los jurados se encontraba un conocido de Nejliúdov. Era Piotr GuerasÃmovich —Nejliúdov ignoraba su apellido y hasta se jactaba un poco de ello—, antiguo profesor de los hijos de su hermana. HabÃa terminado los estudios y ahora estaba de profesor en un instituto. A Nejliúdov siempre le habÃa resultado insoportable por su familiaridad, su risa de satisfacción y, en general, por su «vulgaridad», como decÃa la hermana de Nejliúdov.