Resurrección
Resurrección —Aquà es; sÃ, señor. ¿También usted es jurado? —preguntó el comerciante de aspecto bondadoso, guiñando alegremente un ojo—. Bueno, pues trabajaremos juntos —continuó al oÃr la afirmativa respuesta de Nejliúdov—; soy comerciante de segunda,[8] me llamó Bakláshov —añadió, mientras tendÃa su mano, blanda y ancha, que no se podÃa abarcar—. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
Nejliúdov se presentó, y pasó a la sala de los jurados.
En una pequeña estancia habÃa diez personas de diversas categorÃas sociales. Todos acababan de llegar: algunos permanecÃan sentados, otros andaban examinándose mutuamente y presentándose. HabÃa un militar retirado con uniforme, los demás llevaban levitas o chaquetas y sólo uno vestÃa podiovka.[9]
Todos daban la sensación de estar contentos, a pesar de que muchos de ellos habÃan tenido que dejar sus ocupaciones y aquello les molestaba, pero expresaban cierta satisfacción por la idea de que iban a cumplir un importante deber social.