Resurrección
Resurrección En el momento en que Nejliúdov se acercaba hacia el lugar donde vivía el viejo general, el reloj de carillón de la torre tocó con sus finas campanillas el «Gloria al Señor», y después sonaron las dos. Oyendo el carillón, Nejliúdov recordó involuntariamente haber leído en las notas de los decembristas[83] cómo esa música dulzona, que se repetía cada hora, impresionaba el alma de los condenados a perpetuidad. Mientras Nejliúdov subía a su piso, el viejo general estaba sentado en el salón, a oscuras, ante una mesita con incrustaciones, junto con un joven pintor, hermano de su subordinado, y daba vueltas a un platito sobre una hoja de papel. Los dedos finos, nudosos y débiles del pintor estaban enlazados con los dedos sarmentosos y huesudos del viejo general, y estas manos unidas se mantenían junto a un platito de té volcado sobre un papel en el cual estaban escritas todas las letras del alfabeto. El platito contestaba a la pregunta formulada por el general de cómo iban a reconocerse las almas después de la muerte.