Resurrección
Resurrección En el instante en que un ordenanza, que hacía las veces de lacayo, entró con la tarjeta de Nejliúdov, el alma de Juana de Arco hablaba por medio del platito. Este alma ya había dicho, por medio de letras, las siguientes palabras: «Se reconocerán uno a otro», y fue anotado. Al entrar el ordenanza, el platito se detuvo en la p, después en la o y, finalmente, al llegar a la s empezó a oscilar. La oscilación se debía —según el general— a que la siguiente letra tenía que ser una l; Juana de Arco tenía que decir, en su opinión, que las almas se reconocían sólo después[84] de purificarse de todo lo terreno o algo por el estilo, y por eso la letra siguiente tenía que ser l; el pintor creía que la letra siguiente sería v, que el alma diría que después las almas se reconocerían por la luz,[85] que emanaría del cuerpo etéreo de las almas. El general, frunciendo sus espesas cejas de un modo sombrío, miraba fijamente las manos, y suponiendo que el platito se movía solo, lo arrastraba hacia la l. El joven pintor anémico, con sus largos cabellos metidos detrás de las orejas, miraba a un rincón oscuro del salón con sus ojos azules inexpresivos, y moviendo nerviosamente los labios tiraba del platito hacia la v. El general se enfurruñó por interrumpirle su ocupación, y después de un minuto de silencio cogió la tarjeta, se puso los lentes y, lanzando un gemido por un dolor en la cintura, se puso en pie y se frotó los dedos entumecidos.