Resurrección
Resurrección —Que pase al despacho.
—Excelencia, permÃtame que acabe yo solo —dijo el pintor, levantándose—. Noto su presencia.
—Bueno, termine —dijo el general con tono decidido y severo, y con sus grandes y resueltos pasos se dirigió al despacho—. Me alegro de verle —el general dijo a Nejliúdov, con voz ruda, una palabra amable, indicándole el sillón junto a la mesa de escritorio—. ¿Hace mucho que ha venido a San Petersburgo?
Nejliúdov dijo que acababa de llegar.
—Su madrecita, la princesa, ¿qué tal se encuentra?
—Mi madre falleció.
—Perdone, lo siento mucho. Me dijo mi hijo que se habÃa encontrado con usted.
El hijo del general seguÃa la misma carrera que su padre, y después de ir a la academia militar trabajaba en un despacho de información, y estaba muy orgulloso de los trabajos que allà se le encomendaban. Su trabajo consistÃa en dirigir a los espÃas.
—Figúrese, he servido en el ejército con su padrecito de usted. Éramos amigos, camaradas. ¿Usted sigue la carrera militar?
—No, no estoy en el ejército.
El general inclinó la cabeza con un gesto de desaprobación.
—Tengo que pedirle algo, excelencia.